viernes, 22 de octubre de 2010

Leyenda de Cadereyta - La niña y el perro

Una vez en algún lugar de Cadereyta había un ejido donde durante cada primavera el ambiente se cubría de olor a azares debido a la flor de la naranja, un lugar muy bello y tierno, aun alejado de la manchita urbana en expansión de la ciudad, estaba una pequeña nena jugando en un rodete, allí descansaba un inmenso árbol de gran tronco con una enorme copa, esos árboles llamados ébanos, aquellos que dan mahuacatas, el cual protegía a la niña de los rayos del sol, en eso se encontró un perro acercándosele, era de color café claro, el cual tenía un ojito lastimado debido a una buena tunda que le propiciaron en un combate, la herida ya había sanado, sin embargo el ojo estaba perdido y decidió ponerle pirata, la chiquilla quedó encantada con él, de pronto la mamá vio que el pequeño can había hecho migas con la nena así que decidieron quedárselo, pero una vez que la madre aceptó quedárselo, se propuso a bañarlo para quitarle todas sus mugres, sus garrapatas y demás cosas que tendría antes de su vida callejera, paseándose por todos los campos.

El  buen pirata y la niña jugaban cada día en ese rodete, eran muy felices, siempre jugando a traer las pelotas, a corretear las garzas que se postraban en el campo, eran unos amigos inseparables, paseándose por las huertas de naranjas, hasta que en el año de 1988 durante el huracán Gilberto las aguas azotaron el ejido, inundando todo a su paso, la niña lamentablemente no sobrevivió ya que se ahogo debido a la creciente del rio que derrumbó su casa, solo sobrevivió la pareja de campesinos que eran los padres de la difuntita. Pasó el tiempo y en ese rodete, donde se postraba el árbol, solo quedaron los cimientos y el gigantesco árbol tirado hacia un lado por la tremenda corriente del huracán, los padres con mucha tristeza trataron de volver a cultivar sus naranjos, ellos perdieron sus animales, todo, lo que más les dolía fue perder a su hija, así que decidieron vender sus tierras y recogieron lo poco que les quedó después de la inundación, se marcharon del ejido y solo se quedo pirata, siempre echado en el rodete durante el día, postrado bajo el gigante tronco de ese árbol que era testigos de los juegos con él y su acompañante, pero durante las noches, el pirata ladraba, saltaba y movía la cola, como si alguien jugara con él, pirata era feliz durante la noche, era otro en cambio, en el día solo se le veía echado y triste.

Pasaron los años pirata envejeció y falleció debajo de ese árbol, en ese rodete actualmente, ya no queda nada fue derrumbado todo, para dar paso a nuevas construcciones, la mancha urbana llego hasta allá y dicen los vecinos que en cada noche de vez en cuando, se escuchan las risas y ladridos de pirata jugando con la niña. 

2 comentarios:

  1. Conmovedora historia que se torna escalofriante, porque es muy creíble, para los que vivímos en Cadereyta, en aquellos días y noches cuando aún los que provocaban terror eran fantasmas, viajeros interdimensionales, seres de otros mundos, monstruos, criaturas fantásticas, miedos irracionales, el miedo mismo y...todas esas cosas que sólo podían suceder en ese lugar único del universo que es Cadereyta...
    Hasta que pues...pasó lo que pasó...y ya todas esas criaturas y las leyendas cadereytanas no asustan más que todos esos descerebrados que se dedican a propagar el cáncer social...
    En fin.
    Cuento corto y ameno.
    Pa´que se lo cuentes a tus nietos. Jehe.
    Aunque supongo que estarán demasiado ocupados con la siguiente generación de redes sociales y consolas de videojuegos.
    Jah!
    Saludos nuevamente ese! =D!

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